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"Aquí en los pinos brota nueva vida"

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El 4 de noviembre, un día plasmado en el corazón

Qué gran día celebramos. Nuestro corazón se agranda, al sentir vivo en él ese día, donde nerviosos muy temprano despertamos. Nos habíamos acostado muy tarde, no nos queríamos ir del Santuario, estábamos sólo algunos mirándolo todo... quieto y tranquilo, lleno de luz, tierra mojada, flores y lindos jardines recién hechos, blancos toldos, sillas, caminos y senderos, banderas... el Santuario nos abrazaba y no nos dejaba partir.

Sábado 4, empezaba a llegar la gente, peregrinos por todos lados, el día nublado pero el calor del corazón nos abrigaba a todos, los mini buses no paraban de hacer sus traslados, los guardias papales todos con sus petos llenos de orgullo cuidaban cada lugar, porque era su casa. Padres, Hermanas, todos con la sonrisa en sus caras, caras llenas de luz, de ansiedad alegre, de amor. Los puestos de comidas con sus bolsitas, un jugo, dos sándwich, una rica galleta, fruta, había para todos... la atención de souvenir, chapitas, tazones, gorros, posavasos, etc. Las Apóstoles con sus vestidos blancos, llenándolo todo de pureza y sencillez, los colegiales preparados con sus instrumentos para marchar abriéndole el camino a nuestra Mater. Las delegaciones de distintas partes alzando sus banderas y letreros. Las señoras que con sus manos generosas sostenían miles y miles de denarios hechos por ellas, para regalar con un delicado pinito. Los canastos llenos de pétalos recolectados de todas partes, mostrando su blancura y frescura para ensalzar a nuestra Mater a su paso. La música, la melodía llenaba todos los rincones, la alegría de GianPiero sorprendiendo y acogiendo con su micrófono, manteniéndonos expectantes de quien llegaba y nos decía su sentir. La Hermana Margarita gritándole a cada pino y al cielo entero que allí en todos lados se escuchaba y sentía a la Mater y al Padre fundador. Encuentros, abrazos, risas y lágrimas de emoción.

Comenzamos a ver muchas banderas y con ello una gran delegación de Sacerdotes que salían a paso lento de la Casa de la juventud, todos hermanados con sus estolas de los pinos. La ceremonia va a empezar, las voces celestiales de un coro de ángeles cantaban abre tu jardín, traigo una buena noticia.Cada uno corre a buscar su mejor ubicación, nadie quería dejar de ver y escuchar cada detalle. Caminan sacerdotes y sacerdotes, entre ellos uno que traía sosteniéndose el corazón, lo había entregado todo por este hijo que nacía... Padre Miguel. Al final el Obispo auxiliar, Padre Santiago Silva, elegante, con su Mitra puesta, entregando para todos al paso su bendición y así cada uno se pone en su lugar alrededor de la gran mesa, que abrazaba a nuestro Santuario, que anhelante esperaba al Hijo y a la Madre. Nos dejan decir unas palabras por ser los coordinadores, Felipe mientras sacaba su saludo lleno de poesía y profundidad, mi corazón no podía dejar de gritar a toda voz... ¡Y ERA CIERTO! Cuanto llorado, cuanto reído, cuanto sufrido, encontrado, soñado, perdonado, vivido. ¡Cuanta Familia!

Al terminar el corto momento, nerviosos nos acercamos a saludar y agradecer al Obispo (algo un poco protocolar quizás) y al oído muy serio frente a toda esa multitud (7.000) nos dice Monseñor... no se olviden de cumplir lo que me dijeron..."me deben una invitación a comer". Ver la entrega de las llaves al Obispo de manos de Felipe y Cecilia quienes habían trabajado sin descanso, reuniones, desvelos, para que todos asumieran llenos de responsabilidad y fuerza su encargo. De Raimundo, Gian Piero y Malic que llenos de orgullo entregaban al Obispo su Obra llena de Amor Así se fue viviendo cada momento, hasta que en medio de un gran silencio a las 5 de esa tarde blanca de nubes, se escucha la fuerza de un pulmón que nos sorprende a todos, elevando la trompeta con todo su corazón, llenándolo todo con la gracia de una dulce melodía, que abría el camino a la entrada triunfal de la Mater. Parten los jóvenes por el sendero que recorrería la Mater , uniendo sus trompetas y cajas al igual como lo estaban sus corazones, mostrando orgullosos sus uniformes escolares que representaban la unión que había entre los diferentes colegios de Viña, todos juntos, sin diferencias, unidos en un solo corazón.

Las Apóstoles repartidas con sus canastitos llenos de pétalos para tirarlos al cielo, al paso de la Mater…comienza a caminar, el largo sendero antes de llegar a su casa, ahí venia sobre los hombros de cuatro jóvenes, en una sencilla anda de madera y flores, para que todos la vieran, el coro no para de cantar, los vítores se escuchan por todos lados, la fuerza de una voz, el Padre Robegno gritándole..."apura el paso Mater, que te estamos esperando, apura el paso" las lagrimas, las sonrisas, los gritos, la emoción del alma, las flores, todo hacía de este momento, a la Mater viva entre nosotros abrazándonos a su paso a cada uno, diciéndonos ... ¡Si! me quedo con ustedes, contigo, con cada uno. La fiesta siguió paso a paso, para terminar fundidos en un solo gran abrazo, cada abrazo final lleno de complicidad, cargado de una vivencia solo nuestra, única... nuestro tesoro

Cuantas manos detrás para esta Obra Santa de Dios, manos unidas, generosas, trabajadoras y alegres, cuántos amigos del alma. Cuanta unión con nuestros queridos Padres y Hermanas. Siempre ahí, atentos a conducir su rebaño, a poner su palabra y su sabio consejo. Gracias Queridos Fundadores, este día es una misión de amor nuestra trasmitirla para quienes han llegado después, para quienes no estuvieron, porque también es su herencia, es la fuente de gracias de nuestro comenzar, de un inicio con fuertes, sólidas y grandes raíces. Es como se consolida una familia que crece y crece, que incluye a todos, que no olvida a los grandes que ya partieron….

A nuestra Jose querida, niña dulce, traviesa y generosa, que a sus cortos 12 años encuentra la plenitud de Dios en su corazón y le dice SI PADRE, te entrego mi vida para que este Santuario de los Pinos florezca y pueda mi semilla dar fruto..."nuestro primer ladrillo". A Joel, hombre bueno y noble que trabajó sin límites, ofreciéndolo todo por su Santuario, con una mirada pura, pidiéndonos "mas oración", se entrega al Padre Bueno para cuidarnos desde el Cielo. Johanna y Sole, mamás que ofrecen su corazón, que se dejan educar y modelar por ti Mater, para partir a tu encuentro y al de tu hijo. Tanto dolor entregado en esta Tierra Santa de los Pinos . Somos Familia, hemos recorrido tres bendecidos años.

El primer año, celebramos con letanías de gratitud, donde caminamos a pie pelado por el mismo sendero que había recorrido la Mater , ahora nosotros descalzos porque pisamos Tierra Santa, en una larga fila con una flor en la mano, para así entrar, mirar a la Mater , llenos de frescura arrodillarnos a sus pies y entregar nuestro corazón.

El segundo año, desde el 15 de Agosto conquistábamos su "Corona", cada uno con la suya, 800 coronitas de sauce hechas por nuestra querida comunidad de Reñaca Alto. Así te proclamamos en una solemne y conmovedora Misa: "REINA DE LA FAMILIA ", te pusimos tu "corona de Reina", una corona llena de flores, donde iba con ella todos nuestros ofrecimientos y coronas conquistadas en tu nombre. Al mirarla siempre pensamos cuanto hay ahí querida Señora, cuan Reina eres con cada uno. Una Reina que esta para servir y proteger con su manto a cada hijo.

Y hoy nuestro tercer año, te hemos llenado de regalos, de conquistas llenas de sacrificios, de entrega, de amor... porque ¡ caminamos juntos... somos familia ! Cuidémosla, démonos la mano con fuerza y apretemos nuestro "Rosario", recémoslo siempre, ha sido nuestra gran fuerza y riqueza primera, encontrémonos con nuestro Padre Fundador, que él sabe guiarnos a nuestro Santuario. Allí está la Gracia, ahí esta la Mater , Allí esta nuestro Padre que se agranda para recibirnos, acogernos en todo momento y abrazarnos.

Agradecidos en el Alma a nuestra queridísima Reina le decimos:

Gracias por todo, Madre,
todo, te lo agradezco de corazón,
Y quiero atarme a Tí con un amor entrañable.
¡Qué hubiese sido de nosotros sin Ti,
sin tu cuidado maternal!
Gracias porque nos salvaste en grandes necesidades;
gracias porque con amor fiel
nos encadenaste a Ti.
¡Queremos ofrecerte eterna gratitud!
y consagrarnos de nuevo a Tí
unidos por tu amor
Amén

Laurita y Felipe.

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